"La verdadera inclusión en la escuela no es solo permitir que un alumno con autismo esté presente en la clase, sino transformar el aula para que sea un lugar donde su forma de ver el mundo tenga valor. Entender que su silencio, sus rutinas o su hipersensibilidad no son barreras, sino parte de su identidad, invita a los docentes a ser más pacientes, más creativos y, sobre todo, más humanos. Al final del día, todos aprendemos juntos: ellos aprenden a navegar nuestro mundo y nosotros aprendemos a expandir el nuestro."